Foto: Ezequiel TorresHoy, Kornblihtt dirige el laboratorio de investigaciones del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (Ifibyne-Conicet) que funciona en Exactas.
Por los avances en ese trabajo obtuvo el nombramiento en la Academia estadounidense a principios de mayo –se sumó a otros cinco científicos argentinos–, y Adrián Paenza lo comparó con Lio Messi en la fiesta de entrega de los Martín Fierro. Pudoroso y de perfil bajo, el biólogo acepta que tiene algo en común con el futbolista:
“Los dos trabajamos en equipo y sin equipo no podemos hacer nada.
El reconocimiento que tengo es por el trabajo y el intercambio con mis colegas y discípulos.
No sería quien soy sin mis maestros y mis alumnos”.
Kornblihtt es consciente de que su línea de investigación no tiene un impacto social como para que lo reconozcan por la calle: estudia el splicing alternativo, un mecanismo por el cual los genes fabrican dos proteínas (ver aparte).
Kornblihtt es consciente de que su línea de investigación no tiene un impacto social como para que lo reconozcan por la calle: estudia el splicing alternativo, un mecanismo por el cual los genes fabrican dos proteínas (ver aparte).
En ese camino, entre sus maestros están Héctor Torres, con quien realizó el doctorado en el Instituto Leloir (en ese entonces Fundación Campomar), y Francisco “Tito” Baralle, su guía en el posdoctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra.
En cuanto a la relación con sus discípulos –becarios y doctorandos–, lo fundamental es que reniega de que lo llamen “jefe”:
“No soy el empleador, tienen una beca del Conicet o de la universidad, no trabajan para mí.
Trabajan para ellos y entre todos aportamos.
Lo cual no significa no tener autoridad.
Me interesa orientar y me gusta participar, estar cerca de la cocina de los experimentos, ver los resultados crudos y tratar de interpretarlos con el dirigido.
Prefiero llamarme director u orientador”.
Hacer ciencia en el país, sea básica como en su caso o aplicada (que apunta a desarrollos concretos), tiene dificultades: los recursos son limitados y no siempre se cuenta con las herramientas adecuadas.
Hacer ciencia en el país, sea básica como en su caso o aplicada (que apunta a desarrollos concretos), tiene dificultades: los recursos son limitados y no siempre se cuenta con las herramientas adecuadas.
Pero también, asegura el biólogo, grandes satisfacciones:
“Cuando a pesar de esas dificultades logramos un reconocimiento internacional, nos enorgullece a todos.
Y en ese sentido, hubo una mejora de la calidad en la producción científica argentina muy notable en los últimos diez años, evidente por el tipo de revistas que publican las investigaciones y qué tipo de trabajos son.
Hoy, desde la paleontología, la biología molecular, la ecología y hasta la neurobiología, llegan trabajos argentinos”.
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